Hace un tiempo en una casa de las afueras de la ciudad vivían la pareja de abuelos Angelina y Paul Collins. Transcurría el
año 1989 cuando el Sr. Paul fallece de un paro cardiaco, teniendo Angelina que solventarse sola debido a
las deudas que le quedaron de los altos tratamientos que se hacia el Sr. Collins. Es así que su nieto Alan
se muda a la pequeña casa que tenían en el fondo.
Una noche Alan llega pasadas las 2 de la mañana. Al pasar por la ventana de la habitación de su abuela
siente ruidos de cajones que se abren y se cierran, esto le resulta raro, ya que provenían de la mesa de luz
de su abuelo fallecido. Iba a entrar a ver si le sucedía algo a su abuela, pero, y debido a su cansancio, lo
dejó para el otro día, pensó también, que tal vez su abuela estaba buscando algún analgésico, y se fue a
dormir.
Al otro día mientras desayunaba le pregunta a su abuela.
- ¿Te sientes bien abuela?
- Sí, ¿ por qué?
- Es que ayer, cuando volvía de trabajar, pasé por la ventana de tu habitación y sentí ruidos del cajón
de la mesa de luz del abuelo, supuse que buscabas algún remedio, pero me extrañó, ya que tu nunca
tomaste nada, siquiera para el dolor de cabeza.
- Mira, te voy a contar lo que sucede. La noche posterior al fallecimiento de tu abuelo empecé a sentir
los mismos ruidos que tu escuchaste anoche. Las primeras noches me asusté terriblemente, pero lo
peor fue sentir la voz de tu abuelo que me preguntaba dónde estaban los remedios. Otras veces me
decía que me iba a llevar con él para que lo cuide porque se olvidaba las cosas.
- ¿Y cómo lo tratas de solucionar? Lo que es yo, ya me hubiera ido.
- Le digo que se quede quieto, que se deje de molestar. Y entonces todo se para, pero te puedo asegurar
que tengo bastante miedo.
Dos meses después su abuela falleció, según él medico, producto de un paro respiratorio, pero puedo
asegurar que yo, que la encontré junto con Alan, noté que parecía como si hubiera tratado de resistir algo.
Hasta ese momento yo no estaba enterado de nada de lo que sucedía, un día mi querido amigo, después
de una noche de copas, me invitó a que me quede en su casa, ya que por entonces vivía a más de 15 km.
de distancia.
Había algo raro en Alan a partir de la muerte de su abuela, pero lejos de mí estaba atormentarlo con
preguntas, fue esa noche que supe el motivo. Después de tratar de dormir durante una hora, soy de esas
personas que si no duerme en su cama no puede dormir, comencé a sentir ruidos provenientes de la casa
de la abuela. Lo desperté y le dije:
- Alan, hay ruidos en la casa de adelante, ¡quieren entrar a robar!.
- No – dijo paciente- Es mi abuela revisando los cajones.
- ¿Qué? ¿es una broma o algo así?
- No, para nada. Hay muchas cosas que no te conté y es largo para hacerlo . Así que duerme.
- Pero, ¿cómo quieres que duerma si tu abuela muerta anda dando vueltas por la casa?.
- Bueno, ok, ¿si yo hago que pare, me dejarás dormir?
- Ehh...Si, ¿pero que vas a hacer?
- Déjame a mi.
Entonces se levantó, y con un simple -¡Angelina ve a dormir!, todo quedó tranquilo, como cuando
llegamos.
Al mañana siguiente me contó todo lo relacionado con los espíritus de la casa, es por eso que estoy
contando esta historia.
Pero ahí no termina todo. Luego de varios meses negándome a ir a su casa- imagínense tan sólo como fue
esa noche- volví. Después de una noche de baile regresamos, junto con su novia. Yo, que ya casi me
había olvidado del tema, me fui a dormir a la casa del fondo. La novia de Alan durmió en la habitación
que era del matrimonio, según él le sugirió, en estos momentos me hace pensar que, y con las copas de
más que tenía, se había olvidado de lo que pasaba a diario en ese lugar de la casa. Fue entonces que, y
desde donde estábamos durmiendo, empezamos a sentir la voz de Ana pidiendo a gritos que la suelten,
que la estaban ahogando. Alan y yo despertamos de nuestro estado de embriaguez y corrimos en su
ayuda. Cuando tratamos de abrir la puerta nos fue imposible, fui en busca de un martillo para poder
romper la madera, y cuando al fin pudimos entrar, vimos, con nuestros propios ojos, como se estaban
manifestando esos espíritus. Fue terrible ver como trataban de asfixiar a la mujer, que en ese momento se
encontraba bordó y con una sábana enroscada en su cuello, y nosotros ahí parados, sin poder hacer nada,
ya que en el momento en que tratamos sentimos un verdadero escalofrío y una fuerza mayor a la humana
que nos arrastró y tiró contra el ropero, provocando la fractura de mi brazo y tres de mis costillas.
Hicimos lo posible por salvarla pero no pudimos. Ella murió ese 13 de noviembre de 1998. Desde luego
el informe del forense fue muerte accidental por asfixia.
Nunca más en los siguientes años me acerqué a la casa, no supe nada mas de mi querido amigo Alan.
Nada hasta hoy, 14 de noviembre del 2001, cuando en la televisión vi la noticia “Murió un joven en su
casa por asfixia”. Miré la fecha en el almanaque, y así es que hoy, y mediante este relato, recuerdo la
noche de los espíritus.
LETRAS Y SANGRE
Ella se levanta por la mañana bien temprano para aprovechar todas las horas del día.
No hay sonrisa en su cara. Se prepara el mismo té amargo y come los bizcochos ya
duros de tres días atrás. Él es feliz, pero no lo demuestra. Se lo guarda bien para sí
mismo pues no ha logrado adaptarse al mundo actual, y a las personas que hay en él.
Termina el desayuno, lava las pocas vajillas usadas y se encierra en su habitación,
preparado para hacer lo que hace todas las mañanas y lo que más disfruta. Se sienta en
un sillón no muy cómodo y comienza...
Vanesa creía disfrutar su adolescencia como nadie. Tenía apenas dieciséis años, pero
como ya no era virgen creía haberlo vivido todo. Su semana transcurría de la manera
normal como para cualquier persona de su edad. No hay nada relevante para contar con
respecto a cursar la secundaria. Vanesa no estaba interesada. Estudiaba sólo para las
materias fáciles, pero lograba sólo eximirse en gimnasia.
Figura moldeada y bastante desarrollada. Ropas apretadas hasta el punto justo, ese
que hace suspirar a los especímenes masculinos que la ven pasar. Vivía riéndose, pero
sin saber muy bien por qué. De lo que sí estaba pendiente es de qué pasa con los
personajes de sus reality shows favoritos. Era difícil discutir sobre ese tema con ella,
dado que estaba bastante al tanto de lo que pasa en la “casa más famosa”.
Llegado el fin de semana, venía la desesperación. Debía pensar un par de horas para
saber que vestimentas usar a la noche. Quizás Mariano la miraría esa noche, o Nicolás
bailaría con ella, o llegaría finalmente a algo con Germán, o concretaría las cosas con
Víctor. Sea como sea su mente era una confusión debido a esto y una situación no muy
diferente transcurre en la mente de sus amigas.
Anocheció, y luego de cenar, se reunió con sus compañeras. Primero se pasó por la
fase de precalentamiento, en la cual se critica a la chica que aún no haya llegado. Pero
una vez que todas están presentes, comienza la rutina ya conocida. Se come algo en
primer lugar. Luego, charlaron sobre hombres que posiblemente encuentren esa noche.
Acto seguido, practicaron bailando las canciones de última moda de la radio más
escuchada. Se siguió hablando de más hombres, dado que cada una fantasea con varios.
Y finalmente, luego de maquillarse, salieron para el boliche una hora y media después,
vestida cada una con la ropa de alguna amiga.
Vanesa reía y reía, pero sin saber por qué. Se sentía muy feliz a la vez que entraba a
la fiesta. Una vez dentro, dieron vueltas y más vueltas, pero sin marearse, pues es una
vuelta larga la que se da alrededor de la pista. Luego de unos tragos, se dispusieron a
bailar en parejas, de mujeres. Vanesa reía y reía mientras bailaba desenfrenada con una
de sus mejores compañeras.
De pronto, alguien se acercó y la invitó a bailar con él. Vanesa se negó, pues tenía
muchas razones para no estar con él. No era alguno de los tantos chicos que le atraían y
que estaba esperando ver. No era atractivo y ella creía merecer algo mejor. Prefería
alguien con cara de tonto. De todas maneras, no fue eso lo que explicó a ese hombre,
sino que prefirió dar una razón “más creíble”.
- Discúlpame, pero prefiero bailar con mis amigas.
El flaco se despidió sin pedir más explicación y Vanesa se rió un buen rato. Fue muy
divertido ver la cara de que puso ese desconocido. Un perdedor.
Horas después, Vanesa ya no reía, pues ninguno de los varones que esperaba
encontrar apareció. Igual era feliz, pues se divirtió bastante bailando en parejas. Pero ya
era hora de irse a casa.
No le gustó pagar el taxi hasta su casa. Hubiera sido mejor ser traída en auto por
alguien y quizás llegar a algo con ese alguien enfrente de su propia casa. Sacó la llave
de su pequeña cartera, pero repentinamente alguien la derribó de un golpe. Vanesa, sin
reír, cayó al piso a la vez que era pateada en las costillas por ese hombre al que rechazó
para bailar.
La cara de éste era poco expresiva, pero sus ojos estaban vidriosos, rebosantes de
lágrimas. Se agachó sobre ella y extrajo un cuchillo de su abrigo. Lo acercó al cuello de
Vanesa y preguntó:
- ¿Cuál fue el último libro que leíste?
Probablemente algún libro del colegio. No hace falta explicar por qué Vanesa dejó de
existir.
- ¿A cuánto llega en quinta? – preguntó el mecánico.
- Casi a doscientos, pero no me pude ponerlo al mango en la ruta– respondió Jorge.
Autos era el tema de la charla. Jorge era un contador de gran prestigio en la ciudad.
Su calidad en el trabajo lo elevó a una posición que le permitía vivir con comodidad.
Pero en ese momento, el tema de discusión era el Rover que acababa de comprar Jorge
hace dos semanas. Este lo llevó al mecánico para ponerlo bien a punto.
Aficionado al automovilismo, Jorge se olvidaba de los números los fines de semana.
El sábado pasaba tres horas y media durante la tarde dedicándose al auto. Lavarlo es un
proceso muy delicado, y requería de suma atención. Luego, el domingo, lo que
normalmente hacía es salir con su familia a alguna ciudad o pueblo cercano, de paseo.
En realidad, la verdadera razón para el paseo era que el auto lo precisaba. Y era un gran
conductor. Rápido pero seguro.
El resto, era fácil de imaginar con sólo verlo. Jorge era una de esas personas que uno
sabe que será escuchado por todos siempre que habla, como si su palabra fuera bendita.
Eso le daba, consecuentemente, gran seguridad sobre sí mismo y fue la causa principal
que permitió que se encuentre donde estaba socialmente.
Viernes. Cansado de toda la semana, Jorge volvía a su casa. Aunque agotado física y
mentalmente, eso no le impidió manejar a gran velocidad por las calles de la ciudad
como era costumbre. Llegó a una esquina, y efectuó un rebaje, doblando
aceleradamente sin poner el guiño pues nadie venía atrás. Mala opción, pues una
persona estaba cruzando la calle. No exactamente en la esquina pero con prioridad de
paso. Debido a esto, Jorge se vio obligado a ejercer una maniobra terrible para esquivar
a ese flaco. Frenó luego, para abrir la ventanilla y gritarle:
- ¡Estúpido! ¿Por qué no miras por donde caminas?
Al llegar a su casa, y aún nervioso, bajó del auto, cerró y puso la alarma, pues si algo
le pasara al auto, hubiera sido como morir. De todas maneras su vida acabaría, pues el
peatón al que maldijo, apareció de la nada. No pudo entender cómo logró seguirlo, ni
pudo pensar mucho más, pues una patada en sus testículos los dejaron de rodillas. El
desconocido extrajo de su abrigo un cuchillo, que por un instante muy breve reflejó la
luz del porche de la casa de Jorge. Miró a los ojos de su atacante, y los vio brillosos,
quizá de lágrimas. Lo que sí entendió fue la pregunta que este le efectuó:
- ¿Cuál fue el último libro que leíste?
¿Un libro contable? ¿O de literatura? Lo pensó demasiado. No hace falta explicar por
qué Jorge dejó de existir.
...al mismo lugar de siempre. Es un trabajo rutinario pero que le agrada. Su labor
transcurre en una empresa de publicidad. Dado su carácter tímido, este trabajo es
bueno para él, pues logra relacionarse socialmente con otras personas. Cuando se
encuentra solo en la oficina, y no tiene tareas muy importantes por hacer, saca de su
maletín un libro, una edición de bolsillo, y sigue devorando letras. Nueve horas luego,
vuelve a su hogar y se prepara para esta la noche. Sus planes son simples...
Gol del equipo visitante. La tribuna del equipo local estalló en gritos y comenzaron a
arrojar todo lo que sea posible al juez de línea por no haber cobrado el fuera de juego.
Hugo se encontraba en el tumulto y era uno de los miembros más bravos del grupo.
Empujó a los que no saltan y gritó obscenidades contra los policías. Es un acto que se
prolongó hasta momentos después, cuando el partido culmina. Un empate fue el
resultado final, pero dado que el tanto de los visitantes fue convertido sobre la hora, la
pelea venidera fue inevitable.
Jugadores incluidos, puñetazos por aquí y por allá fueron los actos del nuevo
espectáculo. Hugo no se quedó atrás, y siendo poseedor de un cuerpo descomunal, sus
golpes eran terribles, dejando sangre luego de lanzar su puño. Avanzó a zancadas hasta
la platea del equipo visitante, y se abalanzó contra un flaco que se encontraba
poniéndose el abrigo, dispuesto a marcharse de la batalla. Él fue a ver un partido de
fútbol, no boxeo. Pero Hugo lo tomó por los hombros y lo derribó de un rodillazo en su
estómago. Peor hubiera sido la suerte del pobre individuo sino fuera porque finalmente
la policía entró en acción. Gases y chorros de agua fría calmaron las fieras. Varios
detenidos, incluido el pobre infeliz golpeado por Hugo. Pero éste último corrió y logró
escapar.
Enojado con el resultado, Hugo volvió a su hogar, en donde los esperaban su esposa
y sus hijos junto con todos sus parientes para cenar. Entró riendo, y todos corrieron a su
encuentro. Un tipo fenomenal, mientras no se intentaba discutir de fútbol con él. En una
oportunidad llegó a golpear a su propio hermano. Luego de eso, nunca más se habló de
ese deporte en cuestión en las reuniones familiares, y Hugo iba a ver los partidos solo.
Charlaron mucho esa noche. Una cerveza tras otra acompañaron temas tales como el
ascenso de Hugo, su auto nuevo, y sobre todo la enseñanza en la escuela. Hugo no fue
para nada un estudiante destacado, pero sus hijos recibían bofetadas si no aprobaban
alguna materia, pues nunca llegarían a ser un abogado modelo como su padre.
Fin de la reunión, y tras abrazos, los parientes volvieron a sus respectivos hogares.
Los chicos se fueron a la cama y Raquel, la esposa de Hugo, pidió a éste que sacara la
basura.
Salió Hugo a la calle con la bolsa de desperdicios, pues a la mañana pasaban los
hombres de la basura, y luego de tantas cervezas dudaba poder levantarse temprano. En
realidad estaba un poco ebrio. Quizá eso fue lo que no le permitió ver la sombra que se
acercó por detrás de él, y lo pateó en la sien justo cuando se agachaba a dejar la bolsa.
Cayó pesadamente, y cuando logró reaccionar, el flaco que había golpeado en la cancha
esa tarde estaba sobre él sin dejarlo mover. Lágrimas caían por sus mejillas. De su
abrigo sacó un cuchillo en apariencia bastante afilado, formulando a continuación una
pregunta que Hugo, alcohol de por medio, no pudo escuchar del todo.
- ¿Cuál fue el último libro que leíste?
De nada hubiera servido que entendiera la pregunta pues no hubiera podido
responderla. No hace falta explicar por qué Hugo dejó de existir.
...y no necesita de valor especial para llevarlos a cabo. Sus libros, sus mejores
amigos, son la principal fuerza que precisa. Ya las lágrimas cubren sus ojos. Si bien no
tiene miedo, no le gusta matar. Pero es necesario. Debe acabar con cada una de las
personas que pueblan el mundo, según su opinión, aparentando una felicidad que no es
tal. Solo él sabe que la felicidad está en los libros. Su vida es grata gracias a las
historias que lee día a día, sean o no ficticias. Pero a veces, ciertas personas buscan
herir tu corazón, porque no está permitido que seas más feliz que ellos. Esa gente basa
su vida en cosas artificiales. Pero él sabe que los libros no son algo artificial. Emana
vida de ellos, y piensa terminar con cada una de las personas que intentan demostrar lo
contrario. Coge su cuchillo y sus guantes. Esta noche, su víctima es aquél anciano que
se burló de él en la biblioteca por pasar horas dedicado a la lectura. Le demostrará
que leer tiene sentido. Le demostrará que aunque sepa jugar muy bien a las cartas, hay
algo más importante. Le demostrará que si no pudo sacar nada en limpio del último
libro que leyó, si es que lo ha hecho, su vida no merece continuar. Y así actuará con
varias personas más. Derramar la sangre de quien no sabe apreciar las letras.....
No hay sonrisa en su cara. Se prepara el mismo té amargo y come los bizcochos ya
duros de tres días atrás. Él es feliz, pero no lo demuestra. Se lo guarda bien para sí
mismo pues no ha logrado adaptarse al mundo actual, y a las personas que hay en él.
Termina el desayuno, lava las pocas vajillas usadas y se encierra en su habitación,
preparado para hacer lo que hace todas las mañanas y lo que más disfruta. Se sienta en
un sillón no muy cómodo y comienza...
Vanesa creía disfrutar su adolescencia como nadie. Tenía apenas dieciséis años, pero
como ya no era virgen creía haberlo vivido todo. Su semana transcurría de la manera
normal como para cualquier persona de su edad. No hay nada relevante para contar con
respecto a cursar la secundaria. Vanesa no estaba interesada. Estudiaba sólo para las
materias fáciles, pero lograba sólo eximirse en gimnasia.
Figura moldeada y bastante desarrollada. Ropas apretadas hasta el punto justo, ese
que hace suspirar a los especímenes masculinos que la ven pasar. Vivía riéndose, pero
sin saber muy bien por qué. De lo que sí estaba pendiente es de qué pasa con los
personajes de sus reality shows favoritos. Era difícil discutir sobre ese tema con ella,
dado que estaba bastante al tanto de lo que pasa en la “casa más famosa”.
Llegado el fin de semana, venía la desesperación. Debía pensar un par de horas para
saber que vestimentas usar a la noche. Quizás Mariano la miraría esa noche, o Nicolás
bailaría con ella, o llegaría finalmente a algo con Germán, o concretaría las cosas con
Víctor. Sea como sea su mente era una confusión debido a esto y una situación no muy
diferente transcurre en la mente de sus amigas.
Anocheció, y luego de cenar, se reunió con sus compañeras. Primero se pasó por la
fase de precalentamiento, en la cual se critica a la chica que aún no haya llegado. Pero
una vez que todas están presentes, comienza la rutina ya conocida. Se come algo en
primer lugar. Luego, charlaron sobre hombres que posiblemente encuentren esa noche.
Acto seguido, practicaron bailando las canciones de última moda de la radio más
escuchada. Se siguió hablando de más hombres, dado que cada una fantasea con varios.
Y finalmente, luego de maquillarse, salieron para el boliche una hora y media después,
vestida cada una con la ropa de alguna amiga.
Vanesa reía y reía, pero sin saber por qué. Se sentía muy feliz a la vez que entraba a
la fiesta. Una vez dentro, dieron vueltas y más vueltas, pero sin marearse, pues es una
vuelta larga la que se da alrededor de la pista. Luego de unos tragos, se dispusieron a
bailar en parejas, de mujeres. Vanesa reía y reía mientras bailaba desenfrenada con una
de sus mejores compañeras.
De pronto, alguien se acercó y la invitó a bailar con él. Vanesa se negó, pues tenía
muchas razones para no estar con él. No era alguno de los tantos chicos que le atraían y
que estaba esperando ver. No era atractivo y ella creía merecer algo mejor. Prefería
alguien con cara de tonto. De todas maneras, no fue eso lo que explicó a ese hombre,
sino que prefirió dar una razón “más creíble”.- Discúlpame, pero prefiero bailar con mis amigas.
El flaco se despidió sin pedir más explicación y Vanesa se rió un buen rato. Fue muy
divertido ver la cara de que puso ese desconocido. Un perdedor.
Horas después, Vanesa ya no reía, pues ninguno de los varones que esperaba
encontrar apareció. Igual era feliz, pues se divirtió bastante bailando en parejas. Pero ya
era hora de irse a casa.
No le gustó pagar el taxi hasta su casa. Hubiera sido mejor ser traída en auto por
alguien y quizás llegar a algo con ese alguien enfrente de su propia casa. Sacó la llave
de su pequeña cartera, pero repentinamente alguien la derribó de un golpe. Vanesa, sin
reír, cayó al piso a la vez que era pateada en las costillas por ese hombre al que rechazó
para bailar.
La cara de éste era poco expresiva, pero sus ojos estaban vidriosos, rebosantes de
lágrimas. Se agachó sobre ella y extrajo un cuchillo de su abrigo. Lo acercó al cuello de
Vanesa y preguntó:
- ¿Cuál fue el último libro que leíste?
Probablemente algún libro del colegio. No hace falta explicar por qué Vanesa dejó de
existir.
- ¿A cuánto llega en quinta? – preguntó el mecánico.
- Casi a doscientos, pero no me pude ponerlo al mango en la ruta– respondió Jorge.
Autos era el tema de la charla. Jorge era un contador de gran prestigio en la ciudad.
Su calidad en el trabajo lo elevó a una posición que le permitía vivir con comodidad.
Pero en ese momento, el tema de discusión era el Rover que acababa de comprar Jorge
hace dos semanas. Este lo llevó al mecánico para ponerlo bien a punto.
Aficionado al automovilismo, Jorge se olvidaba de los números los fines de semana.
El sábado pasaba tres horas y media durante la tarde dedicándose al auto. Lavarlo es un
proceso muy delicado, y requería de suma atención. Luego, el domingo, lo que
normalmente hacía es salir con su familia a alguna ciudad o pueblo cercano, de paseo.
En realidad, la verdadera razón para el paseo era que el auto lo precisaba. Y era un gran
conductor. Rápido pero seguro.
El resto, era fácil de imaginar con sólo verlo. Jorge era una de esas personas que uno
sabe que será escuchado por todos siempre que habla, como si su palabra fuera bendita.
Eso le daba, consecuentemente, gran seguridad sobre sí mismo y fue la causa principal
que permitió que se encuentre donde estaba socialmente.
Viernes. Cansado de toda la semana, Jorge volvía a su casa. Aunque agotado física y
mentalmente, eso no le impidió manejar a gran velocidad por las calles de la ciudad
como era costumbre. Llegó a una esquina, y efectuó un rebaje, doblando
aceleradamente sin poner el guiño pues nadie venía atrás. Mala opción, pues una
persona estaba cruzando la calle. No exactamente en la esquina pero con prioridad de
paso. Debido a esto, Jorge se vio obligado a ejercer una maniobra terrible para esquivar
a ese flaco. Frenó luego, para abrir la ventanilla y gritarle:
- ¡Estúpido! ¿Por qué no miras por donde caminas?
Al llegar a su casa, y aún nervioso, bajó del auto, cerró y puso la alarma, pues si algo
le pasara al auto, hubiera sido como morir. De todas maneras su vida acabaría, pues el
peatón al que maldijo, apareció de la nada. No pudo entender cómo logró seguirlo, ni
pudo pensar mucho más, pues una patada en sus testículos los dejaron de rodillas. El
desconocido extrajo de su abrigo un cuchillo, que por un instante muy breve reflejó la
luz del porche de la casa de Jorge. Miró a los ojos de su atacante, y los vio brillosos,
quizá de lágrimas. Lo que sí entendió fue la pregunta que este le efectuó:
- ¿Cuál fue el último libro que leíste?
¿Un libro contable? ¿O de literatura? Lo pensó demasiado. No hace falta explicar por
qué Jorge dejó de existir.
...al mismo lugar de siempre. Es un trabajo rutinario pero que le agrada. Su labor
transcurre en una empresa de publicidad. Dado su carácter tímido, este trabajo es
bueno para él, pues logra relacionarse socialmente con otras personas. Cuando se
encuentra solo en la oficina, y no tiene tareas muy importantes por hacer, saca de su
maletín un libro, una edición de bolsillo, y sigue devorando letras. Nueve horas luego,
vuelve a su hogar y se prepara para esta la noche. Sus planes son simples...
Gol del equipo visitante. La tribuna del equipo local estalló en gritos y comenzaron a
arrojar todo lo que sea posible al juez de línea por no haber cobrado el fuera de juego.
Hugo se encontraba en el tumulto y era uno de los miembros más bravos del grupo.
Empujó a los que no saltan y gritó obscenidades contra los policías. Es un acto que se
prolongó hasta momentos después, cuando el partido culmina. Un empate fue el
resultado final, pero dado que el tanto de los visitantes fue convertido sobre la hora, la
pelea venidera fue inevitable.
Jugadores incluidos, puñetazos por aquí y por allá fueron los actos del nuevoespectáculo. Hugo no se quedó atrás, y siendo poseedor de un cuerpo descomunal, sus
golpes eran terribles, dejando sangre luego de lanzar su puño. Avanzó a zancadas hasta
la platea del equipo visitante, y se abalanzó contra un flaco que se encontraba
poniéndose el abrigo, dispuesto a marcharse de la batalla. Él fue a ver un partido de
fútbol, no boxeo. Pero Hugo lo tomó por los hombros y lo derribó de un rodillazo en su
estómago. Peor hubiera sido la suerte del pobre individuo sino fuera porque finalmente
la policía entró en acción. Gases y chorros de agua fría calmaron las fieras. Varios
detenidos, incluido el pobre infeliz golpeado por Hugo. Pero éste último corrió y logró
escapar.
Enojado con el resultado, Hugo volvió a su hogar, en donde los esperaban su esposa
y sus hijos junto con todos sus parientes para cenar. Entró riendo, y todos corrieron a su
encuentro. Un tipo fenomenal, mientras no se intentaba discutir de fútbol con él. En una
oportunidad llegó a golpear a su propio hermano. Luego de eso, nunca más se habló de
ese deporte en cuestión en las reuniones familiares, y Hugo iba a ver los partidos solo.
Charlaron mucho esa noche. Una cerveza tras otra acompañaron temas tales como el
ascenso de Hugo, su auto nuevo, y sobre todo la enseñanza en la escuela. Hugo no fue
para nada un estudiante destacado, pero sus hijos recibían bofetadas si no aprobaban
alguna materia, pues nunca llegarían a ser un abogado modelo como su padre.
Fin de la reunión, y tras abrazos, los parientes volvieron a sus respectivos hogares.
Los chicos se fueron a la cama y Raquel, la esposa de Hugo, pidió a éste que sacara la
basura.
Salió Hugo a la calle con la bolsa de desperdicios, pues a la mañana pasaban los
hombres de la basura, y luego de tantas cervezas dudaba poder levantarse temprano. En
realidad estaba un poco ebrio. Quizá eso fue lo que no le permitió ver la sombra que se
acercó por detrás de él, y lo pateó en la sien justo cuando se agachaba a dejar la bolsa.
Cayó pesadamente, y cuando logró reaccionar, el flaco que había golpeado en la cancha
esa tarde estaba sobre él sin dejarlo mover. Lágrimas caían por sus mejillas. De su
abrigo sacó un cuchillo en apariencia bastante afilado, formulando a continuación una
pregunta que Hugo, alcohol de por medio, no pudo escuchar del todo.
- ¿Cuál fue el último libro que leíste?
De nada hubiera servido que entendiera la pregunta pues no hubiera podido
responderla. No hace falta explicar por qué Hugo dejó de existir.
...y no necesita de valor especial para llevarlos a cabo. Sus libros, sus mejores
amigos, son la principal fuerza que precisa. Ya las lágrimas cubren sus ojos. Si bien no
tiene miedo, no le gusta matar. Pero es necesario. Debe acabar con cada una de las
personas que pueblan el mundo, según su opinión, aparentando una felicidad que no es
tal. Solo él sabe que la felicidad está en los libros. Su vida es grata gracias a las
historias que lee día a día, sean o no ficticias. Pero a veces, ciertas personas buscan
herir tu corazón, porque no está permitido que seas más feliz que ellos. Esa gente basa
su vida en cosas artificiales. Pero él sabe que los libros no son algo artificial. Emana
vida de ellos, y piensa terminar con cada una de las personas que intentan demostrar lo
contrario. Coge su cuchillo y sus guantes. Esta noche, su víctima es aquél anciano que
se burló de él en la biblioteca por pasar horas dedicado a la lectura. Le demostrará
que leer tiene sentido. Le demostrará que aunque sepa jugar muy bien a las cartas, hay
algo más importante. Le demostrará que si no pudo sacar nada en limpio del último
libro que leyó, si es que lo ha hecho, su vida no merece continuar. Y así actuará con
varias personas más. Derramar la sangre de quien no sabe apreciar las letras.....
DE MIEDO
¿Sabes tu lo que es el miedo Jimmy?. El niño no sabia de donde provenía la
cavernosa voz ya que en la penumbra de su cuarto era difícil adivinar nada. Pero la
oía tan claramente como había oído las de sus padres hacia unas horas, cantándole
cumpleaños feliz, por su sexto año de vida. Y la pregunta volvió a resonar en la
cabeza del jovencito James: "¿Sabes lo que es el miedo?".
"Oh sí, entiendo lo que estas pensando. Crees que miedo es el pavor que
tienes por el coco del armario, o por la voz que te habla desde la oscuridad de tu
habitación. Crees que el miedo es estar solo en un cementerio, una tormentosa
noche, o miedo es saber que aquellos platillos volantes puede que no fueran tan
amistosos como parecían. Pero estas equivocado chaval. El miedo no es lo que
sientes por los muertos, el miedo es lo que deberías sentir por los vivos. El miedo al
que debes temer, es el miedo al mundo que te rodea. El cruel cazador que es el
hombre, persigue sin fin a víctimas como tu. Miedo es tener sudores fríos, cuando al
regresar a casa con tu familia, se acercan cuatro drogadictos, y te intentan robar el
dinero, la mujer, tu hija,... la vida. Miedo es conducir por la autopista, y pasar al lado
de un autobús escolar empotrado contra el arcén, por culpa de un borracho
cualquiera, al que, el día que le despiden, decide darse a la bebida... masiva, y de
pronto acaba con la vida de unos cuantos escolares, y de sus familias. Miedo por
pensar que podría haber sido tu hijo el que fuera en ese autobús, miedo por pensar
cuando será la vez que te toque encontrarte a ti con un loco al volante, y si saldrás
vivo, o peor, y si sales muerto en vida. Miedo a saber que cualquier día, en la calle,
por un simple robo, puedes estar en el lugar equivocado, y que te toque por sorteo
una bala, que acabe con tus esperanzas de futuro. Eso es el miedo. El miedo a la
barbarie humana, al lobo que se come al lobo mientras vive. Porque en la vida todo
es miedo. Miedo a hacerte pipi en la cama de niño, miedo ha no estudiar lo
suficiente. Miedo a que papa vuelva a con su amigo Jack Daniels, y decida jugar de
nuevo a boxeo con mama. Miedo a sentirte solo, miedo a ser un fracasado mas.
Miedo a desaprovechar la vida, a no encontrarle sentido. Miedo a ser engañado, a
creer mentiras, a ser manipulado. Miedo a no sobrevivir en un ambiente hostil
llamado mundo. Eso es el miedo. La vida esta llena de miedos. ¿Merecen la pena
tantos miedos? Tan solo eres un niño, pero eres un jovencito muy avispado e
inteligente. Tus ojos brillan con ansia, y sé que estas palabras no serán en vano.
¿Quieres tener miedo Jimmy?".
La cabeza de Jimmy giró sobre la almohada con los ojos abiertos, negándose
a pasar miedo. El pequeño comprendió entonces todo lo que la voz le había querido
decir. Por eso no grito cuando vio por el rabillo del ojo la sobra alargada envuelta en
telas negras que se acercaba a su cama. Por eso sonrío cuando aparecieron aquellas
manos huesudas de marfil que lo sacaron en volandas de entre las sabanas. Porque
comprendió que la voz lo estaba librando de volver a tener miedo... nunca jamás.
cavernosa voz ya que en la penumbra de su cuarto era difícil adivinar nada. Pero la
oía tan claramente como había oído las de sus padres hacia unas horas, cantándole
cumpleaños feliz, por su sexto año de vida. Y la pregunta volvió a resonar en la
cabeza del jovencito James: "¿Sabes lo que es el miedo?".
"Oh sí, entiendo lo que estas pensando. Crees que miedo es el pavor que
tienes por el coco del armario, o por la voz que te habla desde la oscuridad de tu
habitación. Crees que el miedo es estar solo en un cementerio, una tormentosa
noche, o miedo es saber que aquellos platillos volantes puede que no fueran tan
amistosos como parecían. Pero estas equivocado chaval. El miedo no es lo que
sientes por los muertos, el miedo es lo que deberías sentir por los vivos. El miedo al
que debes temer, es el miedo al mundo que te rodea. El cruel cazador que es elhombre, persigue sin fin a víctimas como tu. Miedo es tener sudores fríos, cuando al
regresar a casa con tu familia, se acercan cuatro drogadictos, y te intentan robar el
dinero, la mujer, tu hija,... la vida. Miedo es conducir por la autopista, y pasar al lado
de un autobús escolar empotrado contra el arcén, por culpa de un borracho
cualquiera, al que, el día que le despiden, decide darse a la bebida... masiva, y de
pronto acaba con la vida de unos cuantos escolares, y de sus familias. Miedo por
pensar que podría haber sido tu hijo el que fuera en ese autobús, miedo por pensar
cuando será la vez que te toque encontrarte a ti con un loco al volante, y si saldrás
vivo, o peor, y si sales muerto en vida. Miedo a saber que cualquier día, en la calle,
por un simple robo, puedes estar en el lugar equivocado, y que te toque por sorteo
una bala, que acabe con tus esperanzas de futuro. Eso es el miedo. El miedo a la
barbarie humana, al lobo que se come al lobo mientras vive. Porque en la vida todo
es miedo. Miedo a hacerte pipi en la cama de niño, miedo ha no estudiar lo
suficiente. Miedo a que papa vuelva a con su amigo Jack Daniels, y decida jugar de
nuevo a boxeo con mama. Miedo a sentirte solo, miedo a ser un fracasado mas.
Miedo a desaprovechar la vida, a no encontrarle sentido. Miedo a ser engañado, a
creer mentiras, a ser manipulado. Miedo a no sobrevivir en un ambiente hostil
llamado mundo. Eso es el miedo. La vida esta llena de miedos. ¿Merecen la pena
tantos miedos? Tan solo eres un niño, pero eres un jovencito muy avispado e
inteligente. Tus ojos brillan con ansia, y sé que estas palabras no serán en vano.
¿Quieres tener miedo Jimmy?".
La cabeza de Jimmy giró sobre la almohada con los ojos abiertos, negándose
a pasar miedo. El pequeño comprendió entonces todo lo que la voz le había querido
decir. Por eso no grito cuando vio por el rabillo del ojo la sobra alargada envuelta en
telas negras que se acercaba a su cama. Por eso sonrío cuando aparecieron aquellas
manos huesudas de marfil que lo sacaron en volandas de entre las sabanas. Porque
comprendió que la voz lo estaba librando de volver a tener miedo... nunca jamás.
AH! LA LLORONA
Ya consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los
vecinos de la ciudad de México que se recogían en sus casas a la hora de la
queda, tocada por las campanas de la primera Catedral; a media noche y
principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la
calle, tristes y prolongadísimos gemidos, lanzados por una mujer a quien
afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.
Las primeras noches, los vecinos contentábanse con persignarse o
santiguarse, que aquellos lúgubres gemidos eran, según ellas, de ánima
del otro mundo; pero fueron tantos y repetidos y se prolongaron por
tanto tiempo, que algunos osados y despreocupados, quisieron
cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las
puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose
a salir por las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las obscuras
noches o en aquellas en que la luz pálida y transparente de la luna caía
como un manto vaporoso sobre las altas torres, los techos y tejados y las
calles, lanzaba agudos y tristísimos gemidos.
Vestía la mujer traje blanquísimo, y blanco y espeso velo cubría su rostro.
Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad dormida,
cada noche distintas, aunque sin faltar una sola, a la Plaza Mayor, donde
vuelto el velado rostro hacia el oriente, hincada de rodillas, daba el último
angustioso y languidísimo lamento; puesta en pie, continuaba con el paso
lento y pausado hacia el mismo rumbo, al llegar a orillas del salobre lago,
que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una
sombra se desvanecía.
La hora avanzada de la noche,el
silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar
de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y
prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas,
formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no
pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, que habían sido
espanto de la misma muerte, quedaban en presencia de aquella mujer,
mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se
atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna,
sin lograr otra cosa que verla desaparecer en llegando al lago, como si se
sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e
ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre
de La Llorona."
"La Llorona, era a veces una joven
enamorada, que había muerto en vísperas de casarse y traía al novio la
corona de rosas blancas que no llegó a ceñirse; era otras veces la viuda
que veía a llorar a sus tiernos huérfanos; ya la esposa muerta en ausencia
del marido a quien venía a traer el ósculo de despedida que no pudo darle
en su agonía; ya la desgraciada mujer, vilmente asesinada por el celoso
cónyuge, que se aparecía para lamentar su fin desgraciado y protestar su
inocencia."
Poco a poco, al través de los tiempos la vieja tradición de La Llorona ha
ido, como decíamos, borrándose del recuerdo popular. Sólo queda
memoria de ella en los fastos mitológicos de los aztecas, en las páginas de
antiguas crónicas, en los pueblecillos lejanos, o en los labios de las viejas
abuelitas, que intentan asustar a sus inocentes nietezuelos, diciéndoles:
¡¡¡Ya viene La Llorona!!!
vecinos de la ciudad de México que se recogían en sus casas a la hora de la
queda, tocada por las campanas de la primera Catedral; a media noche y
principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la
calle, tristes y prolongadísimos gemidos, lanzados por una mujer a quien
afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.
![]() |
| LA LLORONA |
santiguarse, que aquellos lúgubres gemidos eran, según ellas, de ánima
del otro mundo; pero fueron tantos y repetidos y se prolongaron por
tanto tiempo, que algunos osados y despreocupados, quisieron
cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las
puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose
a salir por las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las obscuras
noches o en aquellas en que la luz pálida y transparente de la luna caía
como un manto vaporoso sobre las altas torres, los techos y tejados y las
calles, lanzaba agudos y tristísimos gemidos.
Vestía la mujer traje blanquísimo, y blanco y espeso velo cubría su rostro.
Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad dormida,
cada noche distintas, aunque sin faltar una sola, a la Plaza Mayor, donde
vuelto el velado rostro hacia el oriente, hincada de rodillas, daba el último
angustioso y languidísimo lamento; puesta en pie, continuaba con el paso
lento y pausado hacia el mismo rumbo, al llegar a orillas del salobre lago,
que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una
sombra se desvanecía.
La hora avanzada de la noche,el
silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar
de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y
prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas,
formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no
pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, que habían sido
espanto de la misma muerte, quedaban en presencia de aquella mujer,
mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se
atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna,
sin lograr otra cosa que verla desaparecer en llegando al lago, como si se
sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e
ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre
de La Llorona."
"La Llorona, era a veces una joven
enamorada, que había muerto en vísperas de casarse y traía al novio la
corona de rosas blancas que no llegó a ceñirse; era otras veces la viuda
que veía a llorar a sus tiernos huérfanos; ya la esposa muerta en ausencia
del marido a quien venía a traer el ósculo de despedida que no pudo darle
en su agonía; ya la desgraciada mujer, vilmente asesinada por el celoso
cónyuge, que se aparecía para lamentar su fin desgraciado y protestar su
inocencia."
Poco a poco, al través de los tiempos la vieja tradición de La Llorona ha
ido, como decíamos, borrándose del recuerdo popular. Sólo queda
memoria de ella en los fastos mitológicos de los aztecas, en las páginas de
antiguas crónicas, en los pueblecillos lejanos, o en los labios de las viejas
abuelitas, que intentan asustar a sus inocentes nietezuelos, diciéndoles:
¡¡¡Ya viene La Llorona!!!
DIA DE BRUJAS
Si existe una noche idónea para las historias de terror es sin duda
ésta. Brujas, monstruos, vampiros y momias se dan cita en las calles para asustar a los más incautos. Es
una noche en la que los rostros se ocultan tras las máscaras, causando
un gran temor entre la gente de la calle. De hecho, muchos
criminales se aprovechan de celebraciones como Halloween o Carnaval
para realizar sus fechorías amparados en el anonimato. A continuación
pasamos a relatar alguna de las leyendas más famosas
situadas en esta terrorífica noche:
Cada año se repite la misma historia. Llega el día de Halloween a
la universidad y los estudiantes se encuentran deseosos de realizar
una gran fiesta. Unos cuantos días antes circula la noticia de que
esa noche ocurrirá una gran masacre. Invariablemente, un asesino
en serie avisa de su próxima matanza y suele dar datos orientativos:
una universidad cuyo edificio tiene forma de «U»; a veces añade
alguna sigla, algún dato geográfico. En ocasiones el número de víctimas
(catorce, dieciocho, o bien sólo mujeres). Han llegado incluso
a revelar el traje con el que se disfrazaría el asesino (un año se
difundió que iría vestido de pastor, prohibiéndose el disfraz en algunas
universidades durante cierto tiempo). Obviamente, este tipo
de historias crea una gran inquietud, sobre todo entre las chicas
jóvenes porque, a veces, el asesino en serie es transmutado en violador.
ésta. Brujas, monstruos, vampiros y momias se dan cita en las calles para asustar a los más incautos. Es
una noche en la que los rostros se ocultan tras las máscaras, causando
un gran temor entre la gente de la calle. De hecho, muchos
criminales se aprovechan de celebraciones como Halloween o Carnaval
para realizar sus fechorías amparados en el anonimato. A continuación
pasamos a relatar alguna de las leyendas más famosas
situadas en esta terrorífica noche:
Cada año se repite la misma historia. Llega el día de Halloween ala universidad y los estudiantes se encuentran deseosos de realizar
una gran fiesta. Unos cuantos días antes circula la noticia de que
esa noche ocurrirá una gran masacre. Invariablemente, un asesino
en serie avisa de su próxima matanza y suele dar datos orientativos:
una universidad cuyo edificio tiene forma de «U»; a veces añade
(catorce, dieciocho, o bien sólo mujeres). Han llegado incluso
a revelar el traje con el que se disfrazaría el asesino (un año se
difundió que iría vestido de pastor, prohibiéndose el disfraz en algunas
universidades durante cierto tiempo). Obviamente, este tipo
de historias crea una gran inquietud, sobre todo entre las chicas
jóvenes porque, a veces, el asesino en serie es transmutado en violador.
CUARTO OBSCURO ...
No me quedo mas remedio que ir al colegio para recoger algunos objetos de aseo personal,
el pijama y una muda.
Alex se quedó en el coche esperando.
—Te prometo que no tardaré —le aseguró Margi mientras salía
del auto.
Subió hasta la habitación, y por no despertar a su compañera
ni siquiera encendió la luz. A tientas, en medio de la oscuridad, recogió
todo lo que necesitaba y bajó apresuradamente las escaleras.
Al día siguiente, cuando asomó por la escuela, descubrió que
había un gran revuelo cerca de la puerta de su habitación. Muchos
curiosos y varios policías entrando y saliendo de su cuarto. Un
agente uniformado se le acercó:
—Disculpe, señorita —dijo el policía en tono serio—. ¿Vive
usted en esta habitación?
—Pues sí. ¿Ocurre algo? —le respondió inquieta.
—¿Entró usted anoche en este cuarto? —preguntó nuevamente
el policía.
—Siiií —respondió— estuve aquí a eso de la una, pero sólo
para recoger un par de cosas, enseguida me marché porque mi novio
se encontraba abajo y no quería hacerle esperar.
—¿No notó nada raro? ¿No encendió usted la luz?
—No, ¿por qué? —Le faltaba el aire a causa de la angustia.
El policía, compuso una sombría expresión:
—Su compañera de cuarto ha aparecido esta mañana apuñalada,
el desalmado que lo hizo primero la violó y luego la mató,
pensamos que estaba aquí escondido cuando usted entró; hemos
encontrado una enigmática pintada en la pared de su habitación hecha
con pintalabios; dice así: ¡Suerte que no prendiste la luz!.
el pijama y una muda.
Alex se quedó en el coche esperando.
—Te prometo que no tardaré —le aseguró Margi mientras salía
del auto.
Subió hasta la habitación, y por no despertar a su compañera
ni siquiera encendió la luz. A tientas, en medio de la oscuridad, recogió
todo lo que necesitaba y bajó apresuradamente las escaleras.
Al día siguiente, cuando asomó por la escuela, descubrió que
había un gran revuelo cerca de la puerta de su habitación. Muchos
curiosos y varios policías entrando y saliendo de su cuarto. Un
agente uniformado se le acercó:
—Disculpe, señorita —dijo el policía en tono serio—. ¿Viveusted en esta habitación?
—Pues sí. ¿Ocurre algo? —le respondió inquieta.
—¿Entró usted anoche en este cuarto? —preguntó nuevamente
el policía.
—Siiií —respondió— estuve aquí a eso de la una, pero sólo
para recoger un par de cosas, enseguida me marché porque mi novio
se encontraba abajo y no quería hacerle esperar.
—¿No notó nada raro? ¿No encendió usted la luz?
—No, ¿por qué? —Le faltaba el aire a causa de la angustia.
El policía, compuso una sombría expresión:
—Su compañera de cuarto ha aparecido esta mañana apuñalada,
el desalmado que lo hizo primero la violó y luego la mató,
pensamos que estaba aquí escondido cuando usted entró; hemos
encontrado una enigmática pintada en la pared de su habitación hecha
con pintalabios; dice así: ¡Suerte que no prendiste la luz!.
FABRICA DEL MAL
Las linternas proyectaban su haz de luz en la nave desierta. Los dos
vigilantes escudriñaban el rincón donde uno de ellos había escuchado
un ruido.
—¿Ves algo?
—No, nada. Creo que empiezas a estar obsesionado.
—Es porque tú eres nuevo, Marcos, seguramente si supieras
lo mismo que sé yo...
—¡Cuenta, cuenta! —le apremió el novato.
Enrique bajó el tono de voz y le informó a su compañero:
—¿Sabías que llevamos, entre los que hacemos esta ronda, más
de seis bajas por depresión?
Marcos puso tal rostro de sorpresa, que su compañero comprendió
que no debía estar al corriente de la situación. Enrique prosiguió
relatando la historia...
—Antonio, por ejemplo, me comentó que padecía estrés debido
a los ruidos que se oían por la noche; parecían los lamentos
de un hombre que, a veces, derivaban en silbido... Pero lo más traumático
llegó cuando escuchó la respiración de una persona muy
cerca de su oído y hasta llegó a sentir el calor de su aliento.
—¡Joder, Enrique!... ¡Es para acojonarse! Pero bueno, ¡sigue!,
¡sigue! —Marcos estaba cada vez más inquieto.
—¿Tú sabías que en esta fábrica estuvieron mucho tiempo sin
sufrir ningún robo? Lo más curioso es que siendo uno de los barrios
más peligrosos, no tenían a nadie para protegerla. Según una
leyenda que circula desde hace tiempo, el dueño de la fábrica hizo
un pacto con el diablo nada menos, para que no ocurriese nada en
estas naves. Al parecer, Lucifer aceptó el trato y envió un perro horrible,
con las fauces de un monstruo y la envergadura de un caballo
que arrastraba sus mugrientas pezuñas por cada rincón de este
horrible lugar. El trato no fue gratuito. A cambio, Lucifer exigió
el alma de un vigilante al año. Cada doce meses el propietario de
la fábrica contrataba a un guarda nocturno y a los pocos días... ¡Lo
encontraban muerto!
—Lo único que me dijeron al respecto es que la empresa ha
cambiado de dueño... ¿Es verdad? —preguntó Marcos intrigado.
—Sí, en efecto, y por eso hace dos años que no encuentran
el cadáver de uno de los nuestros, pero lo cierto es que los extraños
sonidos se siguen escuchando.
Un nuevo ruido alertó a Enrique que, automáticamente, dirigió
hacia ese punto el foco de luz de la linterna intentando descubrir
de dónde provenía. Se acercó al rincón iluminado pero no
advirtió nada anómalo. El silencio reinante comenzó a inquietarle.
—¿Marcos? ¿Estás ahí?
Nadie le respondía. Enrique enfocó un bulto en el suelo, justo
en el lugar donde estuvieron unos segundos antes. Al acercarse
descubrió con horror que los ojos de su compañero miraban al
vacío. Le cogió la muñeca derecha para comprobar el pulso. No cabía
duda. ¡Marcos estaba muerto! Lo que más impresionó a Enrique
es que su compañero estaba cubierto de rasguños y rasgaduras.
Era como si una enorme bestia lo hubiera atacado con sus afiladas
garras.
vigilantes escudriñaban el rincón donde uno de ellos había escuchado
un ruido.
—¿Ves algo?
—No, nada. Creo que empiezas a estar obsesionado.
—Es porque tú eres nuevo, Marcos, seguramente si supieras
lo mismo que sé yo...
—¡Cuenta, cuenta! —le apremió el novato.
Enrique bajó el tono de voz y le informó a su compañero:
—¿Sabías que llevamos, entre los que hacemos esta ronda, más
de seis bajas por depresión?
Marcos puso tal rostro de sorpresa, que su compañero comprendió
que no debía estar al corriente de la situación. Enrique prosiguió
relatando la historia...
![]() |
| UUUPSS !!!! |
a los ruidos que se oían por la noche; parecían los lamentos
de un hombre que, a veces, derivaban en silbido... Pero lo más traumático
llegó cuando escuchó la respiración de una persona muy
cerca de su oído y hasta llegó a sentir el calor de su aliento.
—¡Joder, Enrique!... ¡Es para acojonarse! Pero bueno, ¡sigue!,
¡sigue! —Marcos estaba cada vez más inquieto.
—¿Tú sabías que en esta fábrica estuvieron mucho tiempo sin
sufrir ningún robo? Lo más curioso es que siendo uno de los barrios
más peligrosos, no tenían a nadie para protegerla. Según una
leyenda que circula desde hace tiempo, el dueño de la fábrica hizo
un pacto con el diablo nada menos, para que no ocurriese nada en
estas naves. Al parecer, Lucifer aceptó el trato y envió un perro horrible,
con las fauces de un monstruo y la envergadura de un caballo
que arrastraba sus mugrientas pezuñas por cada rincón de este
horrible lugar. El trato no fue gratuito. A cambio, Lucifer exigió
el alma de un vigilante al año. Cada doce meses el propietario de
la fábrica contrataba a un guarda nocturno y a los pocos días... ¡Lo
encontraban muerto!
—Lo único que me dijeron al respecto es que la empresa ha
cambiado de dueño... ¿Es verdad? —preguntó Marcos intrigado.
—Sí, en efecto, y por eso hace dos años que no encuentran
el cadáver de uno de los nuestros, pero lo cierto es que los extraños
sonidos se siguen escuchando.
Un nuevo ruido alertó a Enrique que, automáticamente, dirigió
hacia ese punto el foco de luz de la linterna intentando descubrir
de dónde provenía. Se acercó al rincón iluminado pero no
advirtió nada anómalo. El silencio reinante comenzó a inquietarle.
—¿Marcos? ¿Estás ahí?
Nadie le respondía. Enrique enfocó un bulto en el suelo, justo
en el lugar donde estuvieron unos segundos antes. Al acercarse
descubrió con horror que los ojos de su compañero miraban al
vacío. Le cogió la muñeca derecha para comprobar el pulso. No cabía
duda. ¡Marcos estaba muerto! Lo que más impresionó a Enrique
es que su compañero estaba cubierto de rasguños y rasgaduras.
Era como si una enorme bestia lo hubiera atacado con sus afiladas
garras.
VECINO ATERRADO
La policía no podía dar crédito a lo que veía: tumbado en el jardín
hallaron el cadáver ensangrentado de un individuo disfrazado
igual que el asesino de la película La matanza de Texas. De hecho,
tuvieron que detener la sierra eléctrica que aún rugía entre sus manos.
El sargento que investigaba el crimen observó que el vidrio de
una de las ventanas estaba destrozado. Con precaución, se acercó
a la vivienda mientras bajo sus pies crujían los fragmentos rotos del
cristal.
Su mirada se detuvo en el cadáver de un anciano que sostenía
una escopeta de cañones recortados todavía humeante. Cuando
entró en la casa comprobó que el arma aún estaba caliente. ¿Qué
habría ocurrido?
Esta escena habría llamado mucho más la atención si no se hubiera
producido en el día de Halloween, donde muchos criminales
utilizan el anonimato del disfraz para encubrir sus delitos. En este
caso, la investigación resultó sorprendente: al parecer, el cadáver
pertenecía a un hombre que utilizó aquel disfraz con la intención
de gastar una broma en la fiesta de un amigo. El guateque se celebraba
tres casas más allá, aunque aquel hombre nunca llegó a su
destino. Un fatal error de cálculo hizo que se confundiera de casa
y que intentara entrar en la del anciano, quien, aterrorizado al ver
a un intruso, cogió su escopeta y le disparó tres veces.
El forense dictaminó que aquella tensión produjo un gran choque
emocional en el anciano; su débil corazón no pudo reaccionar
ante una situación tan fuerte y aterradora.
hallaron el cadáver ensangrentado de un individuo disfrazado
igual que el asesino de la película La matanza de Texas. De hecho,
tuvieron que detener la sierra eléctrica que aún rugía entre sus manos.
El sargento que investigaba el crimen observó que el vidrio de
una de las ventanas estaba destrozado. Con precaución, se acercó
a la vivienda mientras bajo sus pies crujían los fragmentos rotos del
cristal.
Su mirada se detuvo en el cadáver de un anciano que sostenía
una escopeta de cañones recortados todavía humeante. Cuando
entró en la casa comprobó que el arma aún estaba caliente. ¿Qué
habría ocurrido?
Esta escena habría llamado mucho más la atención si no se hubiera
producido en el día de Halloween, donde muchos criminales
utilizan el anonimato del disfraz para encubrir sus delitos. En este
caso, la investigación resultó sorprendente: al parecer, el cadáver
pertenecía a un hombre que utilizó aquel disfraz con la intención
de gastar una broma en la fiesta de un amigo. El guateque se celebraba
tres casas más allá, aunque aquel hombre nunca llegó a su
destino. Un fatal error de cálculo hizo que se confundiera de casa
y que intentara entrar en la del anciano, quien, aterrorizado al ver
a un intruso, cogió su escopeta y le disparó tres veces.
El forense dictaminó que aquella tensión produjo un gran choque
emocional en el anciano; su débil corazón no pudo reaccionar
ante una situación tan fuerte y aterradora.
FUTBOL DE NIÑOS
elegir aquel que hubiera llevado el elemento más importante.
Como tampoco se ponían de acuerdo en eso, pensaron que lo
mejor sería empezar a jugar al completo, con todos los
elementos, e ir eliminando lo que cada uno había traído para ver
si se podía seguir jugando y descubrían qué era verdaderamente
imprescindible. Así que comenzaron a jugar, y primero eliminaron
el silbato, pero quien hacía de árbitro pudo seguir arbitrando a
gritos. Luego dejaron a los porteros sin guantes, pero paraban
igual de bien sin ellos; y tampoco se notó apenas cuando
quitaron los banderines que definían los límites del campo, ni
cuando cambiaron las porterías por dos papeleras...; y así
siguieron, hasta que finalmente cambiaron también el balón por
una lata, y pudieron seguir jugando...
Mientras jugaban, pasó por allí un señor con su hijo, y viéndoles
jugar de aquella forma, le dijo al niño:
-"Fíjate, hijo: aprende de ellos, sin tener nada son capaces de
seguir jugando al fútbol, aunque nunca vayan a poder aprender ni
mejorar nada jugando así"
Y los chicos, que lo oyeron, se dieron cuenta de que por su
exceso de orgullo y egoísmo, lo que se presentaba como un
partido increíble, había acabado siendo un partido penoso, con el
que apenas se estaban divirtiendo. Así que en ese momento,
decidieron dejar de un lado sus opiniones egoístas, y enseguida
se pusieron de acuerdo para volver a empezar el partido desde el
principio, esta vez con todos sus elementos. Y verdaderamente,
fue un partido alucinante, porque ninguno midió quién jugaba
mejor o peor, sino que entre todos sólo pensaron en divertirse y
ayudarse.
Como tampoco se ponían de acuerdo en eso, pensaron que lo
mejor sería empezar a jugar al completo, con todos los
elementos, e ir eliminando lo que cada uno había traído para ver
si se podía seguir jugando y descubrían qué era verdaderamente
imprescindible. Así que comenzaron a jugar, y primero eliminaron
el silbato, pero quien hacía de árbitro pudo seguir arbitrando a
gritos. Luego dejaron a los porteros sin guantes, pero paraban
igual de bien sin ellos; y tampoco se notó apenas cuando
quitaron los banderines que definían los límites del campo, nicuando cambiaron las porterías por dos papeleras...; y así
siguieron, hasta que finalmente cambiaron también el balón por
una lata, y pudieron seguir jugando...
Mientras jugaban, pasó por allí un señor con su hijo, y viéndoles
jugar de aquella forma, le dijo al niño:
-"Fíjate, hijo: aprende de ellos, sin tener nada son capaces de
seguir jugando al fútbol, aunque nunca vayan a poder aprender ni
mejorar nada jugando así"
Y los chicos, que lo oyeron, se dieron cuenta de que por su
exceso de orgullo y egoísmo, lo que se presentaba como un
partido increíble, había acabado siendo un partido penoso, con el
que apenas se estaban divirtiendo. Así que en ese momento,
decidieron dejar de un lado sus opiniones egoístas, y enseguida
se pusieron de acuerdo para volver a empezar el partido desde el
principio, esta vez con todos sus elementos. Y verdaderamente,
fue un partido alucinante, porque ninguno midió quién jugaba
mejor o peor, sino que entre todos sólo pensaron en divertirse y
ayudarse.
EL NIÑO FELIZ
Había una vez un niño que era muy feliz, , aunque
no tenía muchos juguetes ni dinero. Él decía que lo
que le hacía feliz era hacer cosas por los demás, y
que eso le daba una sensación genial en su
interior. Pero realmente nadie le creía, y pensaban
que no andaba muy bien de la cabeza. Dedicaba
todo el día a ayudar a los demás, a dar limosna y
ayuda a los más pobres, a cuidar de los animales, y
raras veces hacía nada para sí mismo.
Un día conoció a un famoso médico al que extrañó
tanto su caso, que decidió investigarlo, y con un
complejo sistema de cámaras y tubos, pudo grabar
lo que ocurría en su interior. Lo que descubrieron
fue sorprendente: cada vez que hacía algo bueno,
un millar de angelitos diminutos aparecían para
hacerle cosquillas justo en el corazón.
Aquello explicó la felicidad del niño, pero el
médico siguió estudiando hasta descubrir que
todos tenemos ese millar de angelitos en nuestro
interior. La pena es que como hacemos tan pocas
cosas buenas, andan todos aburridos haciendo el
vago.
Y así se descubrió en qué consiste la felicidad, y
gracias a ese niño todos sabemos qué hay que
hacer para llegar a sentir cosquillitas
no tenía muchos juguetes ni dinero. Él decía que lo
que le hacía feliz era hacer cosas por los demás, y
que eso le daba una sensación genial en su
interior. Pero realmente nadie le creía, y pensaban
que no andaba muy bien de la cabeza. Dedicaba
todo el día a ayudar a los demás, a dar limosna y
ayuda a los más pobres, a cuidar de los animales, y
raras veces hacía nada para sí mismo.
Un día conoció a un famoso médico al que extrañótanto su caso, que decidió investigarlo, y con un
complejo sistema de cámaras y tubos, pudo grabar
lo que ocurría en su interior. Lo que descubrieron
fue sorprendente: cada vez que hacía algo bueno,
un millar de angelitos diminutos aparecían para
hacerle cosquillas justo en el corazón.
Aquello explicó la felicidad del niño, pero el
médico siguió estudiando hasta descubrir que
todos tenemos ese millar de angelitos en nuestro
interior. La pena es que como hacemos tan pocas
cosas buenas, andan todos aburridos haciendo el
vago.
Y así se descubrió en qué consiste la felicidad, y
gracias a ese niño todos sabemos qué hay que
hacer para llegar a sentir cosquillitas
NOVATOS
El sargento marcaba el paso autoritariamente y todos los
reclutas lo acompañábamos, poniendo mucha atención para no
cometer ninguna equivocación. La semana estaba siendo especialmente
dura porque los veteranos no dejaban de molestar e importunar
con sus inaguantables novatadas. Yo ya había padecido
unas cuantas, aunque por suerte no fueron muy macabras; la peor
parte la llevaba Gerardo, el buenazo de la unidad, un gigantón con
un corazón que no cabía en su pecho, y que aguantaba estoicamente
una broma tras otra.
Después de la instrucción nos dirigimos rápidamente hacia las
duchas. Teníamos que estar listos lo antes posible. Eso significaba
más tiempo para disfrutar en la cantina. Cuando nos disponíamos
a marchar algunos veteranos se acercaron a nuestro grupo. La cosa
no pintaba nada bien.
—Venga, Gerardo, vente a dar una vueltecita con nosotros
—le ordenaron amenazantes.
—¡Dejadle tranquilo! ¡Ya está bien, no paráis de hacerle cosas!
—
les increpé indignado a riesgo de que se ensañaran conmigo,¡Tú cierra el pico, recluta, o serás el próximo! —amenazaron.
Parecían hampones dispuestos a cualquier cosa. Gerardo, para
que la sangre no llegara al río, intentó calmarme:
—¡Tranquilos amigos, no pasa nada, estaremos de vuelta en
un ratito!
Los veteranos lo montaron en un Jeep y lo condujeron con los
ojos vendados a un pabellón vacío. Al parecer le tenían preparada
una buena novatada. Uno de ellos, entre lágrimas y con la voz temblorosa
me lo relató horas después:
—Gerardo —le dijeron—. Vamos a ver lo valiente que eres y
de lo que eres capaz. Te voy a hacer un corte en la muñeca y te
sacaremos un poco de sangre, aguanta como un hombre y será la
última broma que te hagamos. A ver, chicos... ¡El cuchillo y un
cubo para recoger la sangre! Todos nos miramos y aguantamos la
risa. Gerardo, con los ojos tapados, estaba muy angustiado, no sabía
muy bien lo que estaba sucediendo. Le tumbamos en una gran
mesa y le atamos fuertemente. Él forcejeó para liberar su brazo,
pero no fue posible, estaba bien amarrado. Su cara comenzó a ponerse
morada por el esfuerzo. Una mordaza le impedía gritar. Pusimos
el cubo bajo su brazo y, como en otras ocasiones, el cabo deslizó el
canto de un cuchillo por la muñeca del aterrado chaval haciéndole
creer que le producíamos un corte perfecto. Uno de nosotros ya
tenía el agua caliente preparada y se la empezamos a echar sobre la
muñeca... ¡Gerardo se revolvía como un cochino al escuchar cómo
goteaba sobre el cubo lo que él creía su sangre! A continuación, con
un dosificador fuimos vertiendo gota a gota el agua sobre la mu-
ñeca de tu amigo. ¡Lo habíamos hecho tantas veces!... ¡Bueno, Gerardo,
en un rato volvemos! ¡Aguanta y será la última vez! Nos
marchamos, dejándole allí solo, amordazado y con los ojos vendados,
pensando que se desangraba poco a poco. Nos dio tiempo a
tomarnos dos o tres botellines. Cuando regresamos Gerardo estaba
quieto.
A cada frase el veterano se veía obligado a detenerse para limpiarse
las lágrimas que ya salían a borbotones. Narraba el suceso
realmente emocionado.
—¡Venga, chaval, prueba superada! —le dijimos para tranquilizarle.
Nuestras carcajadas se podían oír desde muy lejos.
—¡Vamos, grandullón, ya te habrás desangrado! —dijo el cabo.
Pero Gerardo seguía inmóvil. El cabo se puso inquietó:
—¡Este cabrón se ha quedado roque!, se va a enterar.Pero al quitarle las ataduras descubrimos que Gerardo... ¡estaba
muerto! El resto ya lo conoces: el forense ha dicho que fue un
ataque al corazón, al parecer sufría una malformación desde pequeño.
Estamos a la espera de que un jurado militar dictamine si
hay culpa o se trató de un accidente. Pero sea como fuere, te puedo
asegurar que jamás volveré a dormir tranquilo.
reclutas lo acompañábamos, poniendo mucha atención para no
cometer ninguna equivocación. La semana estaba siendo especialmente
dura porque los veteranos no dejaban de molestar e importunar
con sus inaguantables novatadas. Yo ya había padecido
unas cuantas, aunque por suerte no fueron muy macabras; la peor
parte la llevaba Gerardo, el buenazo de la unidad, un gigantón con
un corazón que no cabía en su pecho, y que aguantaba estoicamente
una broma tras otra.
Después de la instrucción nos dirigimos rápidamente hacia las
duchas. Teníamos que estar listos lo antes posible. Eso significaba
más tiempo para disfrutar en la cantina. Cuando nos disponíamos
a marchar algunos veteranos se acercaron a nuestro grupo. La cosa
no pintaba nada bien.
—Venga, Gerardo, vente a dar una vueltecita con nosotros
—le ordenaron amenazantes.
—¡Dejadle tranquilo! ¡Ya está bien, no paráis de hacerle cosas!
—
les increpé indignado a riesgo de que se ensañaran conmigo,¡Tú cierra el pico, recluta, o serás el próximo! —amenazaron.
Parecían hampones dispuestos a cualquier cosa. Gerardo, para
que la sangre no llegara al río, intentó calmarme:
—¡Tranquilos amigos, no pasa nada, estaremos de vuelta en
un ratito!
Los veteranos lo montaron en un Jeep y lo condujeron con los
ojos vendados a un pabellón vacío. Al parecer le tenían preparada
una buena novatada. Uno de ellos, entre lágrimas y con la voz temblorosa
me lo relató horas después:
—Gerardo —le dijeron—. Vamos a ver lo valiente que eres y
de lo que eres capaz. Te voy a hacer un corte en la muñeca y te
sacaremos un poco de sangre, aguanta como un hombre y será la
última broma que te hagamos. A ver, chicos... ¡El cuchillo y un
cubo para recoger la sangre! Todos nos miramos y aguantamos la
risa. Gerardo, con los ojos tapados, estaba muy angustiado, no sabía
muy bien lo que estaba sucediendo. Le tumbamos en una gran
mesa y le atamos fuertemente. Él forcejeó para liberar su brazo,
pero no fue posible, estaba bien amarrado. Su cara comenzó a ponerse
morada por el esfuerzo. Una mordaza le impedía gritar. Pusimos
el cubo bajo su brazo y, como en otras ocasiones, el cabo deslizó el
canto de un cuchillo por la muñeca del aterrado chaval haciéndole
creer que le producíamos un corte perfecto. Uno de nosotros ya
tenía el agua caliente preparada y se la empezamos a echar sobre la
muñeca... ¡Gerardo se revolvía como un cochino al escuchar cómo
goteaba sobre el cubo lo que él creía su sangre! A continuación, con
un dosificador fuimos vertiendo gota a gota el agua sobre la mu-
ñeca de tu amigo. ¡Lo habíamos hecho tantas veces!... ¡Bueno, Gerardo,
en un rato volvemos! ¡Aguanta y será la última vez! Nos
marchamos, dejándole allí solo, amordazado y con los ojos vendados,
pensando que se desangraba poco a poco. Nos dio tiempo a
tomarnos dos o tres botellines. Cuando regresamos Gerardo estaba
quieto.
A cada frase el veterano se veía obligado a detenerse para limpiarse
las lágrimas que ya salían a borbotones. Narraba el suceso
realmente emocionado.
—¡Venga, chaval, prueba superada! —le dijimos para tranquilizarle.
Nuestras carcajadas se podían oír desde muy lejos.
—¡Vamos, grandullón, ya te habrás desangrado! —dijo el cabo.
Pero Gerardo seguía inmóvil. El cabo se puso inquietó:
—¡Este cabrón se ha quedado roque!, se va a enterar.Pero al quitarle las ataduras descubrimos que Gerardo... ¡estaba
muerto! El resto ya lo conoces: el forense ha dicho que fue un
ataque al corazón, al parecer sufría una malformación desde pequeño.
Estamos a la espera de que un jurado militar dictamine si
hay culpa o se trató de un accidente. Pero sea como fuere, te puedo
asegurar que jamás volveré a dormir tranquilo.
EL GATO
El gato negro
El simbolismo del gato es ambivalente: dulce, ingenioso o enigmático y perverso. El gato
negro se asocia a las tinieblas y a la muerte, por ello, la superstición popular le atribuye ser
portador de mala suerte.
Plutón es un sobrenombres de Hades, dios de los infiernos. El nombre del animal presagia que
es una objetivación de lo demoníaco.
Según el protagonista que cuenta la historia, el gato es el causante de su cambio de carácter y
de conducta, de su degradación moral que le lleva a maltratar y matar al animal y a su esposa.
Pueden aducirse como pruebas incriminatorias:
-Se trata de la confesión del culpable que intenta excusar su conducta.
-La afición al alcohol puede haber sido la causa y no el gato.
-Él mismo cree que la perversidad es uno de los primitivos impulsos del hombre
-Cree que Dios le castiga por ahorcar al gato con el incendio de su casa; por lo tanto se siente
culpable y responsable de sus actos.
-La aparición de la silueta del gato ahorcado estampada en la pared se explica por causas
naturales.
-El ataque de ira que le lleva a asesinar a su mujer es desproporcionado, propio de alguien
perverso.
-La sangre fría y el cinismo con el que empareda el cadáver de su esposa es totalmente
responsabilidad suya.
-La voz del segundo gato emparedado junto al cadáver de la mujer es lo que debería haber
sido su conciencia, la voz de la justicia.
-El verdadero gato-demonio está dentro del protagonista.
Todas ellas pueden volverse exculpatorias:
-Se trata de la confesión de un condenado a muerte y por lo tanto será verídica.
-La afición al alcohol y el cambio de carácter pueden ser consecuencia de la influencia nefasta
del gato.
-El protagonista analiza su degradación moral y no puede hacer nada para frenarla, por lo
tanto, ésta se debe a un impulso externo maléfico.
-Las causas naturales que explican la aparición de la silueta del gato ahorcado son
inverosímiles.
El simbolismo del gato es ambivalente: dulce, ingenioso o enigmático y perverso. El gato
negro se asocia a las tinieblas y a la muerte, por ello, la superstición popular le atribuye ser
portador de mala suerte.
Plutón es un sobrenombres de Hades, dios de los infiernos. El nombre del animal presagia que
es una objetivación de lo demoníaco.
Según el protagonista que cuenta la historia, el gato es el causante de su cambio de carácter y
de conducta, de su degradación moral que le lleva a maltratar y matar al animal y a su esposa.
Pueden aducirse como pruebas incriminatorias:
-Se trata de la confesión del culpable que intenta excusar su conducta.
-La afición al alcohol puede haber sido la causa y no el gato.
-Él mismo cree que la perversidad es uno de los primitivos impulsos del hombre

-Cree que Dios le castiga por ahorcar al gato con el incendio de su casa; por lo tanto se siente
culpable y responsable de sus actos.
-La aparición de la silueta del gato ahorcado estampada en la pared se explica por causas
naturales.
-El ataque de ira que le lleva a asesinar a su mujer es desproporcionado, propio de alguien
perverso.
-La sangre fría y el cinismo con el que empareda el cadáver de su esposa es totalmente
responsabilidad suya.
-La voz del segundo gato emparedado junto al cadáver de la mujer es lo que debería haber
sido su conciencia, la voz de la justicia.
-El verdadero gato-demonio está dentro del protagonista.
Todas ellas pueden volverse exculpatorias:
-Se trata de la confesión de un condenado a muerte y por lo tanto será verídica.
-La afición al alcohol y el cambio de carácter pueden ser consecuencia de la influencia nefasta
del gato.
-El protagonista analiza su degradación moral y no puede hacer nada para frenarla, por lo
tanto, ésta se debe a un impulso externo maléfico.
-Las causas naturales que explican la aparición de la silueta del gato ahorcado son
inverosímiles.
LOS UNOS A LOS OTROS
Érase una vez, en un lejano reino de Oriente, que se encontraban dos
amigos cuya curiosidad y deseo de saber acerca del Bien y del Mal, los
hizo un día dirigirse a la cabaña del sabio Lang con ánimo de
interrogarle.
Una vez en su interior y junto a otras gentes allí reunidas, preguntaron
al sabio:
“Dinos anciano ¿Qué diferencia existe entre el Infierno y el Cielo?”
El sabio contestó: "Veo una montaña de arroz recién cocinado,
humeante y sabroso. A su alrededor, hay muchos hombres y mujeres
famélicos y hambrientos, víctimas de expectativa y frustración. Sus
palillos son más largos que sus brazos y por ello, cuando prenden el
arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas ansiosas".
Un rumor exclamó entre los allí reunidos...
Más tarde el sabio prosiguió y dijo: "Veo también otra montaña de
arroz recién cocinado, humeante y sabroso. A su alrededor, hay
muchos seres humanos alegres y sanos que sonríen con satisfacción y
benevolencia. Sus palillos son también más largos que sus brazos.
Y SIN EMBARGO ELLOS,
HAN DECIDIDO DARSE LA COMIDA
LOS UNOS A LOS OTROS .....
amigos cuya curiosidad y deseo de saber acerca del Bien y del Mal, los
hizo un día dirigirse a la cabaña del sabio Lang con ánimo de
interrogarle.
Una vez en su interior y junto a otras gentes allí reunidas, preguntaron
al sabio:
“Dinos anciano ¿Qué diferencia existe entre el Infierno y el Cielo?”El sabio contestó: "Veo una montaña de arroz recién cocinado,
humeante y sabroso. A su alrededor, hay muchos hombres y mujeres
famélicos y hambrientos, víctimas de expectativa y frustración. Sus
palillos son más largos que sus brazos y por ello, cuando prenden el
arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas ansiosas".
Un rumor exclamó entre los allí reunidos...
Más tarde el sabio prosiguió y dijo: "Veo también otra montaña de
arroz recién cocinado, humeante y sabroso. A su alrededor, hay
muchos seres humanos alegres y sanos que sonríen con satisfacción y
benevolencia. Sus palillos son también más largos que sus brazos.
Y SIN EMBARGO ELLOS,
HAN DECIDIDO DARSE LA COMIDA
LOS UNOS A LOS OTROS .....
LA RESERVA DE AGUA
Érase una vez, hace muchas, muchas lunas, que en un reino más allá de
los mares, vivía el anciano Khor, un ser que gozaba de gran fama por
sus lúcidas intuiciones acerca de los acontecimientos que se
avecinaban.
Un día, el anciano Khor ascendió a la montaña y desde lo alto dirigió a
todo el género humano una advertencia:
"En cierta fecha", dijo, "todas las aguas del mundo, desaparecerán
para, más tarde, volver nuevamente a fluir, pero ¡Atención! Desde
entonces, brotará un agua diferente, un agua que al ser bebida,
enloquecerá y desviará a los hombres de su coherencia fundamental.
Acrón y Turak, dos hermanos artesanos que permanecían atentos a las
inspiradas palabras de los ancianos, prestaron oídos al significado de
esta advertencia, así que comenzaron a recoger agua de su manantial y
depositarla en grandes tinajas a fin de guardarla en lugar seguro. Con
esta medida, los dos hermanos pretendían mantener la cordura
mientras fluyese el agua contaminada que el sabio había anunciado.
Y efectivamente, en la fecha indicada, los torrentes dejaron de
correr, los pozos se secaron, y tras tres días de sequía e inquietud, de
nuevo las aguas comenzaron a correr. Acrón y Turak, viendo lo que
estaba ocurriendo, se dirigieron a su refugio y bebieron del agua que
habían guardado.
Al cabo de dos semanas, decidieron visitar el poblado y pasear por sus
calles para observar lo ocurrido entre sus habitantes. Tras recorrer
las plazas y los mercados, comprobaron asombrados que las gentes
pensaban y hablaban de forma totalmente diferente a la anterior. Ni siquiera tenían memoria de lo que había sucedido. Tampoco recordaban
haber sido prevenidos. Y además, cuando los dos jóvenes trataban de
comunicarse con cualquiera de ellos, recibían respuestas absurdas e
incoherentes.
Acrón y Turak, no tardaron en darse cuenta de que todos los
habitantes de aquel poblado se habían vuelto locos. Aquellas gentes
parecían perturbadas y mostraban hostilidad o compasión en lugar de
la lógica habitual que los dos jóvenes esperaban.
Acrón y TuraK regresaron rápido a su refugio y durante las primeras
semanas bebieron del agua que habían guardado en sus tinajas. Pero
finalmente, al cabo de 40 días de soledad y resistencia, Turak no
aguantando más, tomó la decisión de beber de la nueva agua por
contaminada que estuviese. Turak reconocía no poder soportar su
aislamiento por la diferencia de orientación entre su mentalidad y la
del resto del mundo.
Aquella mañana, Turak se despidió de un Acrón que había decidido
permanecer, esperar y permanecer fiel a sus Valores, atestiguando lo
que sucediese.
Al poco, Turak sació su sed con la nueva agua y, de repente, se volvió
como los demás.
Al poco, se produjo la transformación. Turak olvidó completamente
todo lo referente al agua especial que tenía almacenada, y cuando
volvió al poblado y se entremezcló con sus amigos y vecinos, todos
comenzaron a mirarlo asombrados y decir con júbilo:
¡Mirad! Es la primera vez que un loco ha sido restituido
milagrosamente a la cordura.
los mares, vivía el anciano Khor, un ser que gozaba de gran fama por
sus lúcidas intuiciones acerca de los acontecimientos que se
avecinaban.
Un día, el anciano Khor ascendió a la montaña y desde lo alto dirigió a
todo el género humano una advertencia:
"En cierta fecha", dijo, "todas las aguas del mundo, desaparecerán
para, más tarde, volver nuevamente a fluir, pero ¡Atención! Desde
entonces, brotará un agua diferente, un agua que al ser bebida,
enloquecerá y desviará a los hombres de su coherencia fundamental.
Acrón y Turak, dos hermanos artesanos que permanecían atentos a las
inspiradas palabras de los ancianos, prestaron oídos al significado de
esta advertencia, así que comenzaron a recoger agua de su manantial y
depositarla en grandes tinajas a fin de guardarla en lugar seguro. Con
esta medida, los dos hermanos pretendían mantener la cordura
mientras fluyese el agua contaminada que el sabio había anunciado.
Y efectivamente, en la fecha indicada, los torrentes dejaron de
correr, los pozos se secaron, y tras tres días de sequía e inquietud, de
nuevo las aguas comenzaron a correr. Acrón y Turak, viendo lo que
estaba ocurriendo, se dirigieron a su refugio y bebieron del agua que
habían guardado.
Al cabo de dos semanas, decidieron visitar el poblado y pasear por sus
calles para observar lo ocurrido entre sus habitantes. Tras recorrer
las plazas y los mercados, comprobaron asombrados que las gentes
pensaban y hablaban de forma totalmente diferente a la anterior. Ni siquiera tenían memoria de lo que había sucedido. Tampoco recordaban
haber sido prevenidos. Y además, cuando los dos jóvenes trataban de
comunicarse con cualquiera de ellos, recibían respuestas absurdas e
incoherentes.
Acrón y Turak, no tardaron en darse cuenta de que todos los
habitantes de aquel poblado se habían vuelto locos. Aquellas gentes
parecían perturbadas y mostraban hostilidad o compasión en lugar de
la lógica habitual que los dos jóvenes esperaban.
Acrón y TuraK regresaron rápido a su refugio y durante las primeras
semanas bebieron del agua que habían guardado en sus tinajas. Pero
finalmente, al cabo de 40 días de soledad y resistencia, Turak no
aguantando más, tomó la decisión de beber de la nueva agua por
contaminada que estuviese. Turak reconocía no poder soportar su
aislamiento por la diferencia de orientación entre su mentalidad y la
del resto del mundo.
Aquella mañana, Turak se despidió de un Acrón que había decidido
permanecer, esperar y permanecer fiel a sus Valores, atestiguando lo
que sucediese.
Al poco, Turak sació su sed con la nueva agua y, de repente, se volvió
como los demás.
Al poco, se produjo la transformación. Turak olvidó completamente
todo lo referente al agua especial que tenía almacenada, y cuando
volvió al poblado y se entremezcló con sus amigos y vecinos, todos
comenzaron a mirarlo asombrados y decir con júbilo:
¡Mirad! Es la primera vez que un loco ha sido restituido
milagrosamente a la cordura.
SI....PUEDE SER, PUEDE SER
En el lejano Reino de Kariel, vive Long Ching, un anciano de frágil
cuerpecillo y larga barba blanca. Sus modales serenos y su palabra
siempre cuidadosa y amable, hacen de él un hombre respetado en toda
la comarca.
Las gentes afirman que Long Ching, en su juventud, fue iniciado en los
misterios de la antigua sabiduría. Y en realidad, tanto sus vecinos como
su único hijo que con él vive, admiran su gran lucidez y templanza.
Aquel día, los vecinos de Kariel se encontraban muy apenados. Durante
la pasada tormenta, las yeguas de Long Ching había salido de sus
corrales y escapado a las montañas, dejando al pobre anciano sin los
medios habituales de subsistencia. Ante tal hecho, el pueblo sentía una
gran consternación por lo que sus habitantes no dejaban de desfilar
por su honorable casa:
¡”Qué desgracia”! ¡”Pobre Long Ching”! le decían sus vecinos, ¡”Maldita
tormenta cayó sobre tu casa”! ¡”Qué mala suerte ha pasado por tu
vida”! ¡”Tu casa y tu hacienda está perdida...”!
Long Ching, amable, sereno y atento, tan sólo decía una y otra vez:
Puede ser, puede ser...
Al poco, el invierno comenzó a asomar sus primeros vientos trayendo un
fuerte frío a la región, y ¡Oh sorpresa! Sucedió que las yeguas de Long
Ching retornaron al calor de sus antiguos establos, pero en esta
ocasión, lo hicieron preñadas y acompañadas de caballos salvajes
encontrados en las montañas.
Con esta llegada, el ganado de Long Ching se vio incrementado de
manera inesperada.
El pueblo, al enterarse de tal acontecimiento, sintió un gran regocijo
por la buena suerte del anciano, de tal forma que, uno a uno, fueron
desfilando por su casa, para felicitarlo por tal bonanza.
¡”Qué buena suerte tienes anciano”! ¡”Benditas sean las yeguas que
escaparon y más tarde aumentaron tu manada”! ¡”La vida es generosa
contigo Long Ching...”!
A lo que el sabio anciano tan sólo contestaba una y otra vez:
Puede ser, puede ser.
Pasado un corto tiempo, los nuevos caballos fueron domesticados por el
hijo de Long Ching que, desde el amanecer hasta la puesta del sol, no
dejaba de preparar a sus animales para las nuevas faenas. Podría
decirse que la prosperidad y la alegría reinaban en aquella casa.
Una mañana como cualquier otra, sucedió que uno de los caballos
derribó al joven hijo de Long Ching con tan mala fortuna que sus
piernas y brazos e incluso algunas costillas, se fracturaron en la
tremenda caída. Como consecuencia, el único hijo del anciano quedaba
impedido durante un largo tiempo para la faena diaria.
El pueblo quedó consternado por esta triste noticia por lo que todos
los vecinos fueron pasando por su casa, mientras decían al anciano:
¡”Qué desgraciado debes sentirte Long Ching”! le decían
apesadumbrados. ¡”Qué mala suerte, tu único hijo”! ¡”Malditos caballos
que han traído la desgracia a tu casa”!
El anciano escuchaba sereno y tan sólo respondía una y otra vez:
Puede ser, puede ser...
Con el tiempo, el verano caluroso fue pasando y cuando se divisaban las
primeras brisas del otoño, una fuerte tensión política con el país vecino
estalló en un conflicto armado. La guerra había sido declarada en la
nación y todos los jóvenes disponibles eran enrolados en aquella negra
aventura.
Al poco de conocerse la noticia, se presentó en el poblado de Kariel un
grupo de emisarios gubernamentales con la misión de alistar para la
batalla a todos los jóvenes disponibles de la comarca. Al llegar a la casa
de Long Ching y comprobar la lesión de su hijo, siguieron su camino y se
olvidaron del muchacho que tenía todos los síntomas de tardar en
recuperarse durante una larga temporada.
Los vecinos de Kariel sintieron una gran alegría cuando supieron de la
permanencia en el poblado del joven hijo de Long Ching. Así que, de
nuevo, uno a uno fueron visitando al anciano para expresar la gran
suerte que de nuevo al anciano con su Ala tocaba.
¡”Gran ventura ha llegado a tu vida Long Ching”! le decían ¡”Bendita
caída aquella que conserva la vida de tu hijo y lo mantiene a tu lado
durante la incertidumbre y la angustia de la guerra”! ¡”Gran destino el
tuyo que cuida de tu persona y de tu hacienda manteniendo al hijo en
casa”! ¡”La buena suerte bendice tu morada”!.
El anciano mirando con una lucecilla traviesa en sus pupilas tan sólo
contestaba:
Puede ser, puede ser...
cuerpecillo y larga barba blanca. Sus modales serenos y su palabra
siempre cuidadosa y amable, hacen de él un hombre respetado en toda
la comarca.
Las gentes afirman que Long Ching, en su juventud, fue iniciado en los
misterios de la antigua sabiduría. Y en realidad, tanto sus vecinos como
su único hijo que con él vive, admiran su gran lucidez y templanza.
Aquel día, los vecinos de Kariel se encontraban muy apenados. Durante
la pasada tormenta, las yeguas de Long Ching había salido de sus
corrales y escapado a las montañas, dejando al pobre anciano sin los
medios habituales de subsistencia. Ante tal hecho, el pueblo sentía una
gran consternación por lo que sus habitantes no dejaban de desfilar
por su honorable casa:
¡”Qué desgracia”! ¡”Pobre Long Ching”! le decían sus vecinos, ¡”Maldita
tormenta cayó sobre tu casa”! ¡”Qué mala suerte ha pasado por tu
vida”! ¡”Tu casa y tu hacienda está perdida...”!Long Ching, amable, sereno y atento, tan sólo decía una y otra vez:
Puede ser, puede ser...
Al poco, el invierno comenzó a asomar sus primeros vientos trayendo un
fuerte frío a la región, y ¡Oh sorpresa! Sucedió que las yeguas de Long
Ching retornaron al calor de sus antiguos establos, pero en esta
ocasión, lo hicieron preñadas y acompañadas de caballos salvajes
encontrados en las montañas.
Con esta llegada, el ganado de Long Ching se vio incrementado de
manera inesperada.
El pueblo, al enterarse de tal acontecimiento, sintió un gran regocijo
por la buena suerte del anciano, de tal forma que, uno a uno, fueron
desfilando por su casa, para felicitarlo por tal bonanza.
¡”Qué buena suerte tienes anciano”! ¡”Benditas sean las yeguas que
escaparon y más tarde aumentaron tu manada”! ¡”La vida es generosa
contigo Long Ching...”!
A lo que el sabio anciano tan sólo contestaba una y otra vez:
Puede ser, puede ser.
Pasado un corto tiempo, los nuevos caballos fueron domesticados por el
hijo de Long Ching que, desde el amanecer hasta la puesta del sol, no
dejaba de preparar a sus animales para las nuevas faenas. Podría
decirse que la prosperidad y la alegría reinaban en aquella casa.
Una mañana como cualquier otra, sucedió que uno de los caballos
derribó al joven hijo de Long Ching con tan mala fortuna que sus
piernas y brazos e incluso algunas costillas, se fracturaron en la
tremenda caída. Como consecuencia, el único hijo del anciano quedaba
impedido durante un largo tiempo para la faena diaria.
El pueblo quedó consternado por esta triste noticia por lo que todos
los vecinos fueron pasando por su casa, mientras decían al anciano:
¡”Qué desgraciado debes sentirte Long Ching”! le decían
apesadumbrados. ¡”Qué mala suerte, tu único hijo”! ¡”Malditos caballos
que han traído la desgracia a tu casa”!
El anciano escuchaba sereno y tan sólo respondía una y otra vez:
Puede ser, puede ser...
Con el tiempo, el verano caluroso fue pasando y cuando se divisaban las
primeras brisas del otoño, una fuerte tensión política con el país vecino
estalló en un conflicto armado. La guerra había sido declarada en la
nación y todos los jóvenes disponibles eran enrolados en aquella negra
aventura.
Al poco de conocerse la noticia, se presentó en el poblado de Kariel un
grupo de emisarios gubernamentales con la misión de alistar para la
batalla a todos los jóvenes disponibles de la comarca. Al llegar a la casa
de Long Ching y comprobar la lesión de su hijo, siguieron su camino y se
olvidaron del muchacho que tenía todos los síntomas de tardar en
recuperarse durante una larga temporada.
Los vecinos de Kariel sintieron una gran alegría cuando supieron de la
permanencia en el poblado del joven hijo de Long Ching. Así que, de
nuevo, uno a uno fueron visitando al anciano para expresar la gran
suerte que de nuevo al anciano con su Ala tocaba.
¡”Gran ventura ha llegado a tu vida Long Ching”! le decían ¡”Bendita
caída aquella que conserva la vida de tu hijo y lo mantiene a tu lado
durante la incertidumbre y la angustia de la guerra”! ¡”Gran destino el
tuyo que cuida de tu persona y de tu hacienda manteniendo al hijo en
casa”! ¡”La buena suerte bendice tu morada”!.
El anciano mirando con una lucecilla traviesa en sus pupilas tan sólo
contestaba:
Puede ser, puede ser...
EL ANILLO:
Maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me
dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo
mejorar? Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le dijo:
Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema.
Quizá después...- y haciendo una pausa agregó: si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría
resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
E...encantado, -maestro- titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus
necesidades postergadas.
Bien, asintió el maestro. Se quitó el anillo en el dedo pequeño, y dándoselo al muchacho,
agregó: toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este
anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas la mayor suma
posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más
rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés,
hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda
de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para
explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven
tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después
de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas,
abatido por su fracaso montó su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría entonces
habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces
su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro- dijo - lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir
dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto al valor del
anillo.
-Que importante lo que dijiste joven amigo, - contestó sonriente el maestro. -Debemos saber
primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero.
Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da
por él.
Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender YA, no puedo dar más de 58 monedas de
oro por su anillo.
58 MONEDAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Exclamó el joven.
Sí, replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas,
pero no sé.... si la venta es urgente....
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo.
-Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única.
Y como tal, sólo puede revaluarte un verdadero experto. Qué haces pretendiendo que
cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.
dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo
mejorar? Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le dijo:
Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema.
Quizá después...- y haciendo una pausa agregó: si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría
resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
E...encantado, -maestro- titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus
necesidades postergadas.
Bien, asintió el maestro. Se quitó el anillo en el dedo pequeño, y dándoselo al muchacho,
agregó: toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este
anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas la mayor suma
posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más
![]() |
| EL ANILLO |
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés,
hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda
de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para
explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven
tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después
de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas,
abatido por su fracaso montó su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría entonces
habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces
su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro- dijo - lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir
dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto al valor del
anillo.
-Que importante lo que dijiste joven amigo, - contestó sonriente el maestro. -Debemos saber
primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero.
Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da
por él.
Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender YA, no puedo dar más de 58 monedas de
oro por su anillo.
58 MONEDAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Exclamó el joven.
Sí, replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas,
pero no sé.... si la venta es urgente....
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo.
-Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única.
Y como tal, sólo puede revaluarte un verdadero experto. Qué haces pretendiendo que
cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.
LA GALLETA
Una muchacha estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto.
Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo.
También compró un paquete de galletas.
Se sentó en una poltrona en la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Al
lado de la poltrona donde estaba la bolsa de galletas, se sentó un hombre que abrió una
revista y comenzó a leer. Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una.
Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: "Pero, que descarado". "Si yo
estuviese más dispuesta le daría un golpe en el ojo para que nunca más se le olvide." Cada
vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la dejaba tan
indignada que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "ah...
¿qué será lo que este abusador va a hacer ahora?"
Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡Ah!
¡Aquello era demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia!
Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque.
Cuando se sentó, confortablemente, en una poltrona, ya en el interior del avión, miró dentro
de la bolsa y para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí... ¡todavía intacto, cerradito!
Sintió tanta vergüenza.
Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba ¡Había olvidado que sus galletas estaban
guardadas dentro de su bolsa!
El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o
alterado, mientras que ella quedó muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de
ella con él. Y ya no había más tiempo para explicar... ni para pedir disculpas. ¿Cuántas veces,
en nuestras vidas, estamos comiendo las galletas de los demás y no estamos conscientes de
ello?
¡Antes de llegar a una conclusión, observa mejor! Tal vez las cosas no sean exactamente como
piensas!
No pienses lo que no sabes acerca de las personas.
"Existen" cuatro cosas en la vida que no se recuperan jamás:
- Una piedra después de haber sido lanzada.
- Una palabra, después de haber sido proferida.
- Una oportunidad, después de haberse perdido.
- El tiempo, después de haber pasado.
Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo.
También compró un paquete de galletas.
Se sentó en una poltrona en la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Al
lado de la poltrona donde estaba la bolsa de galletas, se sentó un hombre que abrió una
revista y comenzó a leer. Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una.
Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: "Pero, que descarado". "Si yo
estuviese más dispuesta le daría un golpe en el ojo para que nunca más se le olvide." Cada
vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la dejaba tan
indignada que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "ah...
¿qué será lo que este abusador va a hacer ahora?"
Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡Ah!
¡Aquello era demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia!
Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque.
Cuando se sentó, confortablemente, en una poltrona, ya en el interior del avión, miró dentro
de la bolsa y para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí... ¡todavía intacto, cerradito!
Sintió tanta vergüenza.Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba ¡Había olvidado que sus galletas estaban
guardadas dentro de su bolsa!
El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o
alterado, mientras que ella quedó muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de
ella con él. Y ya no había más tiempo para explicar... ni para pedir disculpas. ¿Cuántas veces,
en nuestras vidas, estamos comiendo las galletas de los demás y no estamos conscientes de
ello?
¡Antes de llegar a una conclusión, observa mejor! Tal vez las cosas no sean exactamente como
piensas!
No pienses lo que no sabes acerca de las personas.
"Existen" cuatro cosas en la vida que no se recuperan jamás:
- Una piedra después de haber sido lanzada.
- Una palabra, después de haber sido proferida.
- Una oportunidad, después de haberse perdido.
- El tiempo, después de haber pasado.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)






